Viaje por Asturias con cuatro amigas mayores de 75 años

Viaje por el norte de España con 4 amigas mayores

Nunca olvidaré la mañana en la que recogí en el aeropuerto de Madrid a Liliana, Laura, Olga y Carmen. Cuatro amigas colombianas, de 82, 80, 79 y 75 años. Íbamos a hacer un viaje por el Norte de España

Había en el aire una mezcla de emoción y nervios, de esas que solo aparecen cuando uno está a punto de vivir algo especial.

Liliana, siempre con esa mezcla de serenidad y picardía; Laura, práctica y risueña, Carmen, un torbellino, y Olga la más discreta y reflexiva

Y así empezó nuestro recorrido por el norte de España, en un Volvo XC90 que pronto se convirtió en nuestra pequeña casa con ruedas.

Antes de salir, me dijeron algo que se me quedó grabado:

—Juan, hace años soñábamos con este viaje, pero no sabíamos si aún podríamos hacerlo.

Seguramente llevaban semanas —o incluso meses— hablando del viaje entre ellas. En cada llamada, en cada café, el tema iba saliendo. “¿Tú crees que aguantaremos el ritmo?” “¿Y si hace mal tiempo?” “Yo con las piernas como estoy… no sé, no sé.”

A esa edad, los viajes ya no son solo vacaciones: son aventuras conscientes. Son una forma de recordar que siguen vivas, activas y con ganas de disfrutar. Pero no sin cierto vértigo.

La edad trae consigo limitaciones físicas, claro, pero también miedos más profundos: a no estar a la altura del grupo, a cansarse, a no poder seguir el ritmo o a no disfrutar como antes.

El 15 de abril de 2025 arrancamos una aventura que nos llevaría por el norte de España, recorriendo Cantabria, Asturias, Galicia y Castilla-León.

Ya desde los primeros kilómetros empezaron a relajarse. Ver a alguien, escuchándolas, adaptando el viaje a su ritmo, valorando cada una de sus ideas, les hizo sentir algo que no siempre es común: cuidadas.

Cantabria. Primera parada en nuestro viaje por el norte de España

De camino a Cantabria hicimos nuestra primera parada en Burgos. La Catedral, majestuosa, nos recibió con un cielo azul y una suave brisa fresca

Después de una comida deliciosa, seguimos rumbo a Cantabria. Llegamos a Posada Semilla, una preciosa casona indiana (ya sabes, esas casas enormes que construían los emigrantes cuando volvían de América ya mayores después de haber hecho fortuna)    en medio de los Valles Pasiegos. Desde la terraza de sus habitaciones, se veían las montañas como un cuadro, y el aire tenía ese olor limpio que parece inventado.

Al día siguiente, entre carreteras onduladas y prados infinitos, descubrimos Santillana del Mar, donde las cuatro se quedaron fascinadas con sus calles empedradas y la Colegiata de Santa Juliana del siglo XII

Liliana avanzaba con paso firme, Laura con curiosidad infinita y Carmen… bueno, Carmen y yo estrenamos la silla eléctrica.

En 5 minutos ya la dominaba.

Asturias: mar, montañas y sidra

Después de atravesar una carretera panorámica con vistas al mar, llegamos a Ribadesella. El Hotel Don Pepe, frente al Cantábrico, nos regaló amaneceres de postal. Desde la terraza, Laura se quedaba embelesada viendo a los surfistas hacer sus malabarismos.

Ese día visitamos Llanes y Colombres. En el Museo de la Inmigración, Liliana se emocionó recordando historias de familiares que también cruzaron el océano. En Covadonga, frente a la Santa Cueva, Carmen cerró los ojos un momento y dijo: “Esto tiene algo… no sé qué es, pero se siente”.

Y claro, no podía faltar la sidra. En Gijón aprendieron el arte de escanciar. Yo intenté enseñarles, pero acabé empapado. Laura, entre carcajadas, me dijo: “Juan, ¡mejor guías que escancias!”.

En Avilés dormimos en el Palacio de Ferrera, un elegante hotel en un edificio barroco, Olga dijo que “se sentía como una marquesa sin tanto protocolo”.

En Avilés, Gijón y Oviedo, el norte se nos metió por la piel: calles vivas, sidrerías, mar a un lado y montañas al otro.

Comiendo fabada asturiana en un restaurante durante mi viaje por el Norte de España con 4 personas mayores de 80 años

Comiendo una auténtica fabada asturiana en Gijón.

A medida que avanzaba el viaje, fueron dejando atrás muchas cosas. Miedos, prejuicios, autolimitaciones… y redescubrieron que aún tienen mucho por vivir.

Galicia: el alma del viaje

De camino a Santiago de Compostela paramos en Cudillero, ese pueblo que parece un teatro con casas de colores mirando al mar y en Ribadeo, el arroz con bogavante fue tan memorable que Laura propuso un brindis: “Por el bogavante, por el norte y por las ganas de seguir viajando”.

En Santiago, la emoción se hizo silencio. La Catedral, la Plaza del Obradoiro, el sonido de las gaitas…

Un viaje cuando eres mayor como este por el norte de España
Disfrutando en la Plaza del Obradoiro en Santiago de Compostela

La silla eléctrica, por cierto, se portó como una campeona en las calles empedradas

Nos alojamos en la Casa Grande de Bachao, una joya de piedra y calma. Allí, entre desayunos caseros y paseos por el jardín, sentimos que el tiempo se había detenido.

Una tarde, cuando ya estábamos llegando al alojamiento, la silla eléctrica decidió “descansar”, se le agotó la batería. Liliana, sin perder el humor, dijo: “Debe estar en modo contemplativo, como nosotras”.

Hicimos una excursión en barco por la Ría de Arousa, probamos mejillones recién sacados del agua y visitamos Combarro, Cambados y la Isla de La Toja.

En Combarro, un anciano nos enseñó su hórreo y nos contó que tenía más de doscientos años. “Como nosotras, resistiendo al tiempo”, dijo Liliana, y el hombre sonrió, encantado.

El Pazo de Oca en Galicia es visita obligada en mis viajes con personas mayores
El Pazo de Oca , una de las visitas que más les impresionó en Galicia

En Talaso Atlántico, el hotel de Baiona, las vistas al océano fueron el mejor descanso. Desde las terrazas mirábamos las olas romper, mientras un camarero simpático les enseñaba a decir “¡Boas noites!” con acento gallego. Las carcajadas no se hicieron esperar.

Ribeira Sacra, León y Salamanca: la despedida se acerca

En la Ribeira Sacra nos alojamos en el Parador de Santo Estevo, un monasterio impresionante convertido en hotel. Si el silencio tuviera una patria, sería aquí. Entre claustros medievales, susurros y música religiosa, alguien preguntó si estábamos en el cielo.

El paseo en barco por los cañones del Sil fue pura emoción. Vimos viñedos imposibles, y entendimos por qué lo llaman “viticultura heroica”: lo de subir y bajar allí es más aventura que un reality.

En la Ribeira Sacra en Galicia en un viaje con adultos mayores
Ribeira Sacra. El corazón de Galicia. Entre Monasterios, castaños y viñedos

En el Monasterio de Roca, Laura se quedó impresionada por las tumbas excavadas en la roca por los monjes ya en el siglo VI.

El camino a León nos regaló dos paradas memorables: O Cebreiro, uno de los pueblos con más ambiente peregrino de todo el Camino de Santiago, donde una misa peregrina nos recordó que el mundo está lleno de caminantes con sueños a la espalda, y Castrillo de los Polvazares, donde nos atrevimos con un cocido maragato que, según Laura, “necesitaba tres siestas y un canto gregoriano para digerirse”.

En León nos alojamos en el Hotel Real Colegiata San Isidoro, durmiendo entre muros del siglo XI y con vistas al claustro. Sentados en el claustro Liliana comentó: este viaje me ha devuelto algo que pensé que había desaparecido: la emoción de descubrir.

En Salamanca, el Hotel Eurostar Las Claras fue nuestro último refugio. Caminamos despacio por la Plaza Mayor, buscamos la famosa rana de la universidad y nos asombramos con la Catedral.

En la plaza Mayor de Salamnaca las 4 amigas mayores en su viaje por el norte de España
Plaza mayor de Salamanca. Disfrutando del final del viaje.

En la cena, entre risas y brindis, hicimos balance del viaje: “Comimos mucho, reímos más y vimos todo lo que quisimos”, resumió Liliana.

El regreso a Madrid tuvo parada final en Ávila, donde paseamos junto a la muralla medieval y tomamos chocolate con churros en una terraza soleada. Liliana estaba tranquila, Laura no dejaba de mirar fotos en su móvil, y Olga me decía: “Juan, este viaje no ha sido solo ver lugares, ha sido volver a sentirme capaz”.

De vuelta a Madrid, el coche iba lleno: de recuerdos, de vino albariño, de queso de un mercado gallego y de algo más importante… el sentimiento de haber vivido algo único.

El ambiente en el coche ya no era el de cuatro amigas con un guía. Era el de una familia improvisada. Una tribu. El silencio era cómodo. Las miradas, cómplices. El cansancio existía, claro, pero era un cansancio bueno, de esos que sabes que valieron la pena.

Sentían que habían vivido algo irrepetible. Quizás lo sabían desde antes de salir, pero ahora lo confirmaban.

Y en su interior, una certeza:

“Mientras existan viajes así, aún queda mucho por disfrutar.”

Cuando las despedí en el aeropuerto, hubo abrazos largos y promesas de nuevos destinos. No eran solo los kilómetros recorridos lo que nos unía, sino las risas, los silencios compartidos, las conversaciones a media tarde, los “mira qué bonito esto”, los brindis improvisados y la certeza de que se puede seguir viajando con alma a cualquier edad.

Mientras me alejaba, pensé en lo afortunado que soy de dedicarme a esto: a acompañar, cuidar, escuchar y compartir la emoción de viajar sin prisas.

Porque más allá de los paisajes y los hoteles, de los sabores y las fotos, este viaje fue sobre la libertad de seguir descubriendo, sobre la alegría compartida, sobre la confianza.za.

Viajar por el norte de España con personas mayores

Viajar en la edad tardía no es una huida del tiempo, sino una reconciliación con él. Es mirar el mundo con los ojos de quien ya sabe lo que importa. No se trata de velocidad, sino de intensidad; no de llegar lejos, sino de llegar bien acompañado.

Las 4 viajeras me recordaron que no hay edad para asombrarse ni para reír a carcajadas. Que cada kilómetro compartido deja una huella, no en el mapa, sino en el alma.

Este viaje por el norte de España con personas mayores, no fue un viaje más. Fue una declaración de intenciones. Que la edad no es un límite, sino una aliada; que la risa sigue siendo el mejor mapa, y la curiosidad, el mejor motor.

Ese viaje no solo les mostró el norte de España. Les mostró el norte de sí mismas. La brújula interna que muchas veces se pierde entre obligaciones, achaques o pérdidas. Recordaron quiénes eran… y quiénes siguen siendo.

Y así, cuando cierro los ojos y pienso en aquel viaje por el norte, no recuerdo carreteras ni horarios. Recuerdo el sonido de sus risas mezclándose con la brisa del Atlántico, y esa sensación inconfundible de haber vivido algo que, sin duda, volvería a repetir mil veces más.

Acompañar a Liliana, Laura, Carmen y Olga ha sido un recordatorio luminoso de por qué hago esto. Viajar en la edad tardía no es una carrera de lugares marcados en un mapa: es un paseo por el tiempo, por la memoria y por la emoción.

Como especialista en viajes privados para personas mayores, mi mayor prioridad es garantizar que cada momento sea especial, relajado y lleno de experiencias auténticas.

Cuando los viajes se hacen sin prisas, con confianza y con buena compañía, el paisaje no solo se ve… se vive. No hay barreras, solo caminos que se recorren a su propio ritmo, ya sea andando, en coche o en una silla de ruedas eléctrica que se convierte en aliada de aventuras.

Lo que vivieron no fue un viaje turístico, sino un viaje vital.

Como experto en viajes personalizados para personas mayores, fue un verdadero placer acompañarlas en este viaje por el norte de España, y saber que se sintieron seguras y felices durante el viaje es mi mayor recompensa.

Con dedicación y cariño desde Viajes de la Edad Tardía, continúo diseñando viajes únicos, con destinos exclusivos y experiencias memorables dirigidos a personas mayores que piensan que el final del viaje está lejos

Juan

Hola, soy Juan Cabrillana.

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2 respuestas

  1. Muy inspirador Juan
    Con dos cojones…. Haces lo que os motiva, vives la vida, cada dia aprendes cosas, viaja a “GASTOS PAGADOS” y al final, propinas aparte, al pagar de todo, hasta gana DINERO.

    Excelente trabajo y MUY BUENA IDEA.
    Con una VITO luxe, podria llevat de 2 a 6 pax (alto confort) con la variante larga, hasta 8 pax + equipaje i silla elèctrica.

    Un abrazo fuerte desde BCN
    HE “republicado su enlace en LinkedIn” para mis casi 2.000 contactos,

    1. ¡Gracias, Jaume!

      Para mí, acompañar a personas mayores en un viaje privado no es solo un trabajo: es una forma de vivir la vida a otro ritmo, sin prisas, con calma, disfrutando cada etapa y asegurando que quienes viajan conmigo puedan hacerlo sin preocupaciones y con toda la tranquilidad del mundo.
      Y este relato del viaje por el norte de España con personas mayores de 75 años es prueba de ello.

      Como bien dices, cada viaje es un aprendizaje, y poder ofrecer experiencias personalizadas, seguras y humanas a personas de más de 80 años es un privilegio enorme. Si además puedo vivir de ello, pues qué mejor.

      Respecto a lo que comentas de la Vito Luxe, sin duda es una gran opción para ciertos tipos de viajes. Sin embargo, en mi caso prefiero viajar siempre con coches de 5 plazas, en este caso un volvo xc90 y grupos muy reducidos. La experiencia cambia muchísimo.

      Cuando acompaño a personas mayores —que normalmente viajan conmigo con más de 75/80 años— busco un viaje familiar, cercano y tranquilo, donde todos podamos conversar, escucharnos y movernos a otro ritmo. En un coche más pequeño se genera una intimidad y una confianza que para mí es clave: cada persona se siente realmente acompañada, no simplemente “transportada”.

      Además, un grupo pequeño permite que la logística sea más cómoda: menos esperas, menos complicaciones al subir y bajar, más flexibilidad para parar donde queramos, adaptar el itinerario y cuidar todos esos detalles que hacen que el viaje sea especial. Para mí, la esencia de estos viajes privados para personas mayores está precisamente en esa atención personal y en esa sensación de “viajar entre amigos”.

      Te agradezco mucho que hayas compartido el enlace en LinkedIn con tu red.
      Gestos así ayudan a que más familias y mayores descubran que sí es posible viajar a cualquier edad, siempre que haya alguien de confianza acompañando.

      Un abrazo fuerte desde Madrid,
      Juan – Viajes de la Edad Tardía

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