Elige bien los enfados

Para cualquier tipo de relación, lo más adecuado es establecer la frontera del respeto mutuo.

El modo en que gestionamos las fronteras puede facilitar o arruinar nuestras relaciones.

Muchos problemas derivan de ignorar las fronteras ajenas o de permitir que los demás invadan nuestro territorio y no respeten las nuestras.

Mientras que las personas sumisas o indecisas se dejan invadir sin ningún respeto su territorio, las personas más dominantes y agresivas se toman libertades excesivas.

En el término medio está la virtud. En ser asertivo: la persona asertiva es la que es capaz de autoafirmar sus propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás.

El hecho de que una relación nos resulte satisfactoria depende de que nos sintamos respetados.

Pero esto a su vez no depende tanto de la otra persona.

Depende sobre todo del respecto y el cariño que sintamos hacia nosotros mismos.

Es fácil.

Tienes que impedir que actitudes o conductas negativas de otras personas controlen tu propia conducta de modo que condicionen tu respuesta en la dirección que no deseas.

Esto lo podemos ver más claro con una anécdota.

Un periodista se mostraba muy sorprendido de la amabilidad con que un amigo suyo trataba a un vendedor de periódicos.

Era habitual que ese vendedor en respuesta al saludo afectuoso del amigo, devolviera un gruñido y con modales bruscos le lanzara el periódico de mala forma.

El amigo sonreía a pesar de ello y tranquilamente le deseaba al quiosquero que pasara un buen día.

Ante esta situación el periodista preguntó a su amigo:

  • Oye, ¿este hombre te trata siempre de forma tan mal educada?
  • Sí, por desgracia.
  • ¿Y tú siempre te muestras tan cordial y amable?
  • Sí, así es.
  • ¿Y me puedes decir porqué tu eres tan amable con él cuando él es tan antipático contigo?
  • Es muy fácil, porque yo no quiero que sea él quien decida como me tengo que comportar yo.

¿Cómo se puede manejar el enfado con eficacia?

Enfadarse en sí mismo no es negativo. Enfadarse muestra la forma peculiar en que algo nos afecta.

Es tan válido como cualquier otra emoción.

Lo que sí resulta negativo es cuando las emociones escapan a nuestro control y afecta a nuestro bienestar o repercute en los demás.

Hay personas que se dicen: ¿Por qué estoy siempre enfadado?, “estoy enfadado con la vida” o “estoy enfadado con el mundo”,  o incluso a veces nos enfadamos con nosotros mismos.

Afrontar el enfado requiere comprender la situación y elegir entre las diferentes opciones de actuación la más adecuada. Y a poder ser con un poco de humor.

Personas que se enfadan por todo frente a personas que no se enfadan nunca

Lo más difícil es controlar el enfado para poder aclararse y pensar antes de hablar de más o de actuar sin pensar.

Por ejemplo, ante una provocación.

Lo mejor es relajarse y darse instrucciones positivas del tipo:

  • Hoy no pico, no, no.
  • No es mi día de discutir.
  • ¡Ojo, que ya está aquí el anzuelo!
  • No voy a entrar al trapo.
  • Los toros no son lo mío.

Identificar la causa del enfado y pensar que se puede hacer:

  • Prestar atención a las señales corporales (gestos, respiración, sensaciones…)
  • Los pensamientos (qué me digo, qué pienso) que acompañan al enfado.
  • Los sucesos que lo han originado (las causas, que hice, que dije, qué hizo la otra persona).

Para expresar tu enfado

  • Se debe buscar el momento y lugar adecuado. Describir breve y claramente la conducta que ha motivado tu enfado (sin acusar e insultar). Explicar cómo te sientes, razones y causas de ese sentimiento.
  • Cuidar el lenguaje corporal (hablar mirando a la persona) y verbal (tono, expresión…).
  • De la variedad de opciones, elegir la más adecuada y ponerla en marcha. Por ejemplo, pedir o sugerir un cambio de conducta, ampliar información, fijar cambios, etc. A poder ser con buen humor.
  • Agradecer a la otra persona el hecho de escucharnos, es una forma de reforzar su conducta.

Cuando se enfadan contigo

  • Escuchar a la otra persona.
  • Aceptarlo si es justo.
  • Explicar si es necesario, la propia conducta.
  • Pedir aclaraciones y explicaciones si fuese injusto.

Elige bien los enfados

Es importante elegir bien las batallas, no malgastar el tiempo ni la energía y no enredarse en asuntos de poca importancia.

Preocuparse, discutir, enfrentarse y pelear se ha de hacer por las cosas y con las personas que verdaderamente nos merecen la pena.

Cuando me enfado con una persona, es porque realmente me importa.

Si peleamos por cualquier cosa y nos enredamos apasionadamente en pequeños conflictos, la vida se vivirá como un gasto de energía que resta fuerza para lo que de verdad es relevante.

Ya lo dice el dicho:

“Nunca discutas con un cerdo, o una cerda: los dos acabaréis hechos un asco, pero a él o a ella le gusta”.

Algunos trucos para no enfadarse

El recurso de la nariz de payaso es muy útil, sobre todo con personas muy cercanas. Cuando la discusión sube de nivel, la persona que primero es consciente de ello se coloca la nariz. Es imposible reír y estar enfadado a la vez. Luego se puede retomar el tema más tranquilamente.

Proponer un día a la semana o una hora para quejas y riñas.

Imaginarte a la otra persona en situaciones ridículas, sentada en la taza del wc, con excrementos de pájaro escurriendo por su cabeza, en ropa interior…

Situaciones que pueden ser comprometidas o difíciles, dejan de serlo cuando se introduce el humor.

Las cosas dichas con humor se aceptan mejor.

Se resuelven mejor los conflictos cuando hacemos reír al otro.

Una broma oportuna puede echar abajo barreras y suavizar tensiones.

Las observaciones hechas con humor cómplice harán sonreír a ambas partes en una situación difícil y tendrán mejor efecto que los reproches o expresiones agresivas.

En definitiva, el humor lo puede casi todo, lo importante es no ofender.

Tú eliges tu actitud y tu conducta ante las acciones de los demás. No dejes que ellos elijan por ti.

Juan

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